Queridos lectores de Sobre lo Humano y lo Divino:
Espero que al recibo del presente post os encontréis bien de salud. Yo ando con la bilis saliéndome por las orejas por un tema con Timofónica y su pésimo servicio de atención al cliente, pero eso es otro cantar.
En primer lugar quería agradecer a los escritores de este blog que me hayan nominado a los premios de este año, y agradecer muy mucho a todos los que habéis conseguido que gane el premio Humano; me ha hecho muchísima ilusión, sobre todo teniendo en cuenta que he tenido más votos que seguidores oficiales tengo en Twitter y Blogger juntos.
Me llena de orgullo y satisfacción que un “artículo” mío vaya a ser publicado en este espacio y leído por vosotros, si os gusta os animo a que en los comentarios pidáis una carta mía todos los meses (ahí, ahí, haciendo campaña, para no perder la costumbre), volviendo a poner en auge el género epistolar que un amigo tanto usó en ese blog que ha cerrado hace nada y que molaba una cantidad ingente de cantidubis.
Y después de inflarme a mí misma el ego (cosa que tras este último premio parecía casi imposible), paso a hablaros del tema en sí: La gente que no tiene sangre en las venas.
Seguro que todos os habéis topado con personas así, pero yo lo que quiero es hurgar en la herida y poner ejemplos concretos:
- Mandi, dices que no hay internet pero yo estoy conectada... (Nena, en serio, tener encendido un router wifi que el ordenador te reconoce y tener acceso a internet no es lo mismo, igual es una locura pero si pruebas a conectarte a Google y no va es que algo pasa).
- Cuando quedamos un grupo y se pregunta qué se hace, y empiezo a oír la frase de “A mí me da igual” me pregunto por qué nunca pedí por reyes una escopeta, porque esa gente es la que después se queja por detrás de que no le gustan los planes.
- Estar de visita en una casa de un pueblo en la que justamente no hay vecinos cerca y decir que me he olvidado el móvil en el coche, que bajo un momento a buscarlo, y cuando subes, que no me ha llevado ni 30 segundos, encontrar la puerta cerrada con llave: “Es que es la costumbre, por si se nos queda abierta”. O me están echando una indirecta para que no vuelva o habría que explicarles el ejemplo sobre adoctrinar monos con descargas eléctricas hasta conseguir que no coman plátanos de un determinado sitio “porque siempre se ha hecho así”.
- Mandi, voy a bajar un momentito, cuando suba ¿me abres la puerta? (No, que va, te dejo fuera, no te jo**).
Estoy segura de que se os ocurrirán más ejemplos así que apadrinad la campaña (que me acabo de inventar): “1 comentario, 1 ejemplo”; y deleitadnos con la estupidez humana.
Y cuando os encontréis con alguien así no os quedéis indiferentes, recordad que esta gente también tiene derecho a votar.
Con un afectuoso saludo se despide, siempre vuestra (o no, porque yo voy por libre),
Mandi